¿Qué es un Bacio?
Un Bacio Perugina es una de las chocolatinas más icónicas y populares de Italia. Igual que los Gianduiotti, las Amarene Fabbri o el Crodino, el Bacio es un producto de la industria alimentaria moderna italiana: lo bastante antiguo como para ser un clásico, lo bastante moderno como para seguir funcionando hoy.
Es inconfundible: un bombón envuelto en papel de plata con estrellas azules. En su interior hay dos elementos que lo definen. En la chocolatina, una avellana entera incrustada en un relleno de gianduia, recubierto de chocolate negro. En el envoltorio, un pequeño pergamino con una frase cursi de amor. Aquí puedes ver todas las frases (en italiano, suelen venir con traducción en inglés).
Para entender por qué el Bacio es así hay que volver atrás, a Perugia, a principios del siglo XX.

Perugina, 1907. Una fábrica moderna en un lugar improbable
La empresa Perugina nace en 1907 con una idea muy clara: crear una fábrica moderna en Umbria, una región mal comunicada y con pocas materias primas. No hay cacao, no hay puerto, no hay tradición chocolatera. Pero estamos en el comienzo del siglo XX, y el valor no está en la herencia artesanal, sino en la técnica, la innovación y la industria.
Perugina se funda por iniciativa de Annibale Spagnoli y su mujer, Luisa Spagnoli, junto a otros socios, con la participación desde el inicio de capital vinculado a la familia Buitoni (que quizás te suenen por la pasta fresca y la masa de empanadillas), que ya contaba con una larga experiencia en la industria alimentaria. Esa combinación de emprendimiento local y saber hacer industrial externo fue decisiva para que la empresa pudiera crecer con rapidez. Con el paso de los años, la familia Buitoni iría aumentando progresivamente su peso en la gestión y en el capital de la compañía, hasta hacerse con el control mayoritario. Aun así, el nombre que ha quedado ligado de forma indeleble a la identidad y al imaginario de Perugina es el de Luisa Spagnoli.

Luisa Spagnoli: empresaria, no excepción
Hoy el nombre de Luisa Spagnoli se asocia sobre todo a la moda: en Italia y buena parte de Europa existen boutiques que llevan su nombre. Pero el paso del chocolate a la ropa no fue un giro inesperado, sino la continuación lógica de una misma manera de entender la empresa y la vida cotidiana.
Tras haber convertido su pequeño laboratorio de confitería en una industria chocolatera moderna, Spagnoli aplicó el mismo enfoque (materia prima, proceso, utilidad y atención a las mujeres) a otro ámbito esencial: la ropa. En los años veinte empezó a experimentar con la lana de angora, interesada no por su valor ornamental sino por sus cualidades prácticas (ligera, cálida, resistente) y fundó en 1928 la casa de moda, centrada en prendas de punto funcionales, pensadas para mujeres reales y cuerpos en movimiento. Como en Perugina, no se trataba de lujo ostentoso sino de innovación técnica, organización industrial y cuidado del trabajo femenino.

Una figura incómoda para el relato empresarial clásico
Luisa Spagnoli no encaja bien en el canon habitual del empresario italiano del primer Novecento. No fue un fundador solitario, ni un patriarca industrial. Fue mujer, autodidacta, procedente de un entorno pobre, y su papel quedó durante décadas diluido entre apellidos masculinos y relatos edulcorados.
Su biografía introduce elementos incómodos para la narrativa oficial: un liderazgo femenino real, una vida personal que rompía las normas morales de la época y una manera de dirigir basada tanto en la intuición como en la organización. No es casual que su figura haya sido reivindicada tarde y, durante mucho tiempo, más como mito romántico que como empresaria con agencia propia.

La fábrica como comunidad y laboratorio social
Desde muy pronto, Perugina no fue solo un lugar de producción, sino un espacio social organizado. Bajo el impulso de Luisa Spagnoli se desarrollaron políticas de bienestar poco comunes en la industria alimentaria italiana de la época: había asistencia sanitaria básica, atención a las trabajadoras más vulnerables, espacios de cuidado infantil y una organización del trabajo pensada para mujeres que, además de empleadas, eran madres y sostenes familiares.
La fábrica funcionaba como una comunidad estructurada, casi autosuficiente, donde el trabajo no se concebía como mera extracción de mano de obra, sino como un sistema que debía sostener la vida cotidiana. En ese sentido, Perugina fue también un laboratorio social: un lugar donde se ensayaron formas tempranas de welfare aziendale antes de que el término existiera.

Perugina y el modelo industrial italiano del siglo XX
La experiencia de Perugina no fue un caso aislado, sino parte de una constelación de industrias italianas que, en el siglo XX, combinaron producción y políticas sociales, como fue el caso de Olivetti en Ivrea. En todas ellas hay una tensión común: la voluntad de modernidad, la centralidad del trabajo femenino o intelectual y la construcción de comunidades alrededor de la fábrica. Perugina se inserta en esa tradición, con una particularidad clara: lo hace desde la alimentación y desde una mujer que rara vez ocupa el centro del relato.

El Bacio: de solución industrial a icono
El Bacio Perugina nace como solución industrial. Surge del reaprovechamiento de excedentes de la producción: avellanas troceadas, restos de gianduia que no podían convertirse en otros formatos comerciales. Luisa Spagnoli tuvo la intuición de compactar esos ingredientes en una nueva forma.
El primer nombre del bombón fue cazzotto, un término popular que aludía a su forma irregular y contundente (un cazzotto es un puñetazo). El cambio a Bacio supuso un giro decisivo, que permitió construir un relato alrededor del producto. El cambio no fue solo semántico, también fue estratégico: dejó de ser un subproducto ingenioso para convertirse en un objeto deseable, regalable y narrable.
Los cartigli -los papelitos con mensaje- nacen, según la tradición, de los intercambios privados entre Luisa Spagnoli y Giovanni Buitoni (el de la pasta). Pero su incorporación al producto fue una decisión más bien moderna: la idea de introducir una capa narrativa dentro del objeto. Una estrategia de marketing adelantada a su tiempo. Con el paso de los años, los mensajes se han vuelto más cursi y tienen un aire entre viejuno y banal. Aun así, siguen siendo el rasgo más distintivo del Bacio.

Dónde comprar Baci Perugina
En Italia. Yo te recomiendo comprarlos a granel en Italia: se suelen vender por unidad en los bares o en los quioscos. En los supermercados se encuentran en tubo con tres piezas.
Es necesario a este punto poner el maravilloso anuncio de los años '80: el tubo de Baci se vendía con el eslogan Tubiamo? Tubare es el verso que hacen las palomas cuando se cortejan, el arrullo en español.

Y el vídeo tampoco está mal. Ah, otra aclaración lingüística: non capire un tubo = no entender nada.
En España no son tan fáciles de encontrar, pero tampoco es imposible. Lo más fácil es ir a Tiendas especializadas en producto italiano, aunque a veces se encuentran en grandes superficies como El Corte Inglés.




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