Festival del Tomate de la Huerta del Narcea: la fiesta de septiembre en Cangas
Cada septiembre, la calle Mayor de Cangas del Narcea se llena de color. El Festival del Tomate de la Huerta del Narcea convierte el centro del pueblo en un escaparate donde agricultores locales presentan sus mejores piezas: tomates enormes, minúsculos, deformes, perfectos, de todas las tonalidades de rojo y azulado.



El formato es sencillo y eficaz: cada productor entrega sus ejemplares al restaurante, que luego se encarga de repartirlos, sin más información que el número de lote, en platos idénticos. El público pasea ante las mesas con la misma curiosidad que en una exposición. El jurado -éramos doce , entre cocineros y periodistas- nos repartimos los 54 lotes de tomates, seleccionando los ocho finalistas. La jornada culminó con una subasta benéfica de los tomates ganadores y con una fiesta en la que se probaron todos los demás, sencillamente aliñados con aceite de oliva y sal.

Un apunte sobre tomates y mitos
No sé cómo se produjeron los que caté en Cangas -si al aire libre, en invernadero, con semillas guardadas o comerciales-, pero sí merece la pena desmitificar algunas ideas. Las semillas comerciales no son transgénicas: como bien me ha recordado Virginia Hernández, periodista especializada en agricultura además de panepanner, en Europa no se pueden vender variedades modificadas genéticamente, sino híbridos obtenidos por selección y cruzamiento, como se ha hecho desde siempre. Tampoco es cierto que cultivar al aire libre garantice mejor calidad. Un invernadero, aunque sea de plástico, puede permitir prescindir de pesticidas o funguicidas, y en lugares como Almería o Granada he probado tomates deliciosos.

Y cómo estaban los tomates?
Bueno, me esperaba más. Yo probé 14 en la primera cata y después los ocho finalistas. Para mí, dos o tres se salvaban por sabor -en un tomate busco dulzor y acidez-. Todos tenían la piel muy gruesa, pero por lo visto en la zona son así. Aun así, fue una experiencia divertidísima y una forma diferente de asomarse a la vida agrícola del valle.
Una excusa más para visitar Cangas
El festival es una buena razón para acercarse a Cangas en septiembre. Para saber cuándo será la próxima edición, mira las redes del Bar Blanco.
Y fuera de esas fechas, siempre quedan otros motivos: la mesa del Bar Blanco, la paz del Parador de Corias o las hogazas (y la bollería, y los helados) de Manín justifican de sobra un desvío hasta aquí.











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