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Portada » lugares y viajes

Publicado el 24 junio 2025 · Actualizado el 10 julio 2025 · por Anna Mayer

Roma, un poco de todo

Un diario fotográfico de la semana que pasé en Roma en mayo. Para ver el mapa del comer en Roma, suscríbete aquí.

Trastevere: qué difícil es ser turista, incluso con buenas intenciones

Por mucho que te documentes, al llegar a un sitio nuevo tienes que aplicar toda la teoría absorbida en guías, webs y redes. Pongamos que llegas a Trastevere -te han dicho que es turístico, pero también auténtico. Y lo que encuentras son callejuelas bonitas, sí, pero llenas de mesas apretadas y Spritz. Pides una carbonara en sartén de aluminio y vino en garrafa. Y justo cuando te preguntas si has caído en la trampa… te hacen una foto.

Ve a Trastevere si tienes un objetivo claro -un museo, una iglesia, un monumento que no hay manera de mover de ahí. A las 10 de la mañana, las calles tienen otro ritmo.

Basílica de Santa María en Trastevere: suele estar tranquila

"Nada de sartencitas en Trastevere, vale Anna, pero entonces ¿dónde como en Roma?"

Si es posible, lejos del centro. Si estás en el centro -mala noticia, el centro de Roma es enorme- algo ligero. Un trozo de pizza, un helado, algo así. Para cenar: aprovecha que se cena temprano, a las 20 ya puedes sentarte para tomar una pasta o una pizza. Estás en tu derecho de turista de comer toda la pizza que quieras.

Una idea para deslocalizar un poco tu viaje

Salir de la ruta más obvia es una buena idea. No es obligatorio ver el Colosseo, puedes hacer lo que te dé la gana. Por ejemplo, puedes coger la metro B, bajar en la parada Garbatella, cruzar las vías y dirigirte hacia el Tíber.


Ahí está la Centrale Montemartini, una antigua central termoeléctrica inaugurada en 1912 y reconvertida hoy en un museo muy poco romano y muy romano a la vez: motores de vapor y turbinas industriales que conviven con esculturas clásicas y mosaicos imperiales.

En los años 90, mientras remodelaban los Museos Capitolinos, trasladaron aquí parte de la colección. Y así, en medio de válvulas, compresores y cuadros de control, colocaron sarcófagos, bustos y relieves. La entrada no es economicísima -11 €-, pero merece la pena.

No es el museo que te dirán que tienes que visitar en Roma, y precisamente por eso hay que ir.

Otra visita distinta: el Auditorium Parco della Musica

Cuando planifiques tu viaje a Roma mira qué conciertos hay previstos en el Auditorium Parco della Musica. El auditorium fue diseñado por Renzo Piano (en España, el del Centro Botín de Santander), y merece la pena una visita da igual qué programa haya ese día.

La sala de las fotos es la Sala Santa Cecilia, la más grandes de los tres "coleópteros", y la más espectacular. Las butacas de arriba cuestan unos 17€, me parece una ganga. En la arena del centro también hay programación de todo tipo, especialmente en verano.

Los mercados de Roma

Roma tiene todo tipo de mercados: los rionales, estructuras cubiertas parecidas a los mercados de Madrid o Sevilla; los callejeros, puestos que cada mañana o en días establecidos sacan su género a la calle; y desde hace unos años también hay farmer markets, donde los campesinos venden directamente sus productos.

Campo de' Fiori: colorido pero para turistas

A los turistas les encantan los puestos de Campo de' Fiori: son coloridos, pintorescos, y te permiten volver a casa con la foto del señor limpiando alcachofas o una bolsita de spaghettata del contadino. No hace falta que te diga que ahí compran pocos romanos, ¿verdad?

Mercado de Trionfale

Ir a un mercado más "real" no es difícil. El Mercado de Trionfale es muy grande y, además, no queda lejos del centro.

Mercato dell'Esquilino (Piazza Vittorio)

El de Piazza Vittorio, que ahora se llama Mercato dell'Esquilino, está cerca de Termini y tiene muchísimos puestos con productos asiáticos y latinoamericanos.

Mercado de Testaccio

El de Testaccio también merece la pena, con una buena mezcla de género fresco y puestos de comida preparada.

Olvida el pescado, no vas a ver gran cosa. Centra mejor tu atención en los puestos de verdura, que dejan muy claro qué está de temporada. Aunque no puedas llevártela como recuerdo, seguro que encuentras unas buenas aceitunas o quesos para picar. Las foto son del mercado de Val Melaina, en la zona del Tufello.

Los barrios de Roma

Has visto el Colosseo, Campo de Fiori, piazza San Pietro. Puedes dedicarle media jornada a otros barrios, donde por ejemplo vive gente de verdad y son, a la vez, bonitos.

La Garbatella: un buen comienzo

La Garbatella es un buen comienzo. Puedes llegar en metro y darte un buen paseo por la parte vieja, empezando por piazza Brin y adentrándote en las distintas capas de este curioso barrio.

La Garbatella fue fundada antes del período fascista para dar alojamiento a los trabajadores del futuro canal del Tíber, que nunca llegó a construirse. Por sus calles se pueden ver las distintas épocas en que se fueron levantando los edificios: desde palacios casi del siglo XIX, pasando por el racionalismo, hasta llegar a un estilo abiertamente fascista.

Una cosa preciosa de la Garbatella es que, desde el principio, se diseñó como un barrio autosuficiente, con suficiente espacio alrededor de cada casa para cultivar algo de verdura y tener algún animal. Ya no hay calabacines ni gallinas, pero los espacios comunes se han mantenido, gracias sobre todo a que las casas siguen siendo case popolari (viviendas de protección oficial). Hay pasajes entre los edificios -donde puedes meterte tú también- en los que todavía se seca la ropa y se disfruta del espacio público.

Esto no queda solo en una anécdota histórica: quien vive en la Garbatella es consciente de su historia y de su espacio, y lo siguen protegiendo con fuerza.

Quartiere Trieste: el polo opuesto de la Garbatella

El Quartiere Trieste es, de alguna forma, el polo opuesto de la Garbatella. Se edificaron en el mismo período, a principios del siglo XX, pero uno está al sur y el otro al norte de la ciudad. Trieste está pegado a los Parioli -el barrio pijo por excelencia. El nombre es puro irredentismo italiano: en el momento en que lo bautizaron, la ciudad de Trieste seguía bajo dominio austrohúngaro.

Aquí se construyeron muchos edificios racionalistas entre los años 20 y 30. Yo los conocí de niña, porque en el número 142 -de donde es la foto de la ventana- vivían mi abuela Marcella y mi tía abuela Adriana. Cada una a un lado del rellano. Pisos enormes, cuadrados, espaciosos. Ojalá pudiera volver a verlos por dentro.

Quartiere Coppedè: fantasía arquitectónica (y poco más)

Quizá te suene más el llamado quartiere Coppedè, que en realidad es solo un cruce, poco más. Un pastiche (ahora diríamos "FANTASÍA") que mezcla modernismo, medievalismo y fantasía florentina. Es curioso, pero para mí, no mucho más que eso.

La línea Giardinetti

Yo, hasta el domingo 18 de mayo, no sabía qué era este trenecito. La línea se llama Roma-Giardinetti, aunque hay quien la llama Roma-Centocelle o sencillamente il trenino o il tranvetto. Gracias a Wikipedia he aprendido que antiguamente conectaba Roma con Frosinone, a 90 km, pero desde los años 80 se ha ido recortando el trayecto hasta llegar a los 3,2 kilómetros de ahora.

En las fotos de los extremos, las vistas desde la parada S. Elena: está en mitad de la nada, al lado de la Via Casilina. Yo sabía que tenía que cogerlo ahí porque me lo dijo mi amiga, porque si no, nada te hace pensar que ahí se pueda coger un medio de transporte. Pero sí: el tranvía llega tan campante, te tienes que encaramar para subir, pagas en el display (en todos los transportes de Roma se puede pagar dentro, con tarjeta contactless) y vives esta aventura inédita que termina en la Stazione Termini.

Si haces el recorrido al revés, puede ser una buena forma de ir a explorar el barrio del Pigneto, que está justo en el medio y merece una visita.

El Eataly del aeropuerto

Eataly ya no es lo que era, o quizás hemos cambiado nosotros.

Dicho esto, de momento aun prefiero que exista a que no, y sigue mereciendo la pena explorar un poco lo que propone.

Hay cosas que solo se entienden en el contexto de un aeropuerto: turistas enloquecidos que quieren llevarse de recuerdo un bote de kilo de crema de pistacho (creo recordar que con un porcentaje de pistacho inferior al 50%) o pasta pazza de colores. No puede faltar el maritozzo -que igual está incluso bueno-, dulce que ahora es omnipresente.

Pero no está todo mal, e incluso puedes comer algo. Los precios son un poco altos, pero te recuerdo que estamos en un aeropuerto. Pides en uno de los mostradores (hay pasta, ensaladas, carne, postres...) y te lo llevan a la mesa. Yo pedí un supplì -más que digno- y una pasta con tomate: pasta Afeltra, al dente, tomate rico. 19€ en total.

No digo que sea una ganga ni que sea algo que no te puedes perder, pero comí bien, sentada cómoda, y desde la mesa puedes pedir más cosas, y quedarte todo el tiempo que quieras.

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