
Una tarta sencilla y otoñal, con ciruelas y nueces entre dos capas de masa quebrada. La combinación recuerda a las crostate italianas, pero aquí las nueces se mezclan con miel, harina y huevos para formar un relleno casi de frangipane rústico. Encima, las ciruelas laminadas aportan dulzor y acidez, dando como resultados el por postre posible: ese que podrías comerte entero.

No todas las frutas responden igual al horno. Evita las que sueltan demasiado líquido o pierden textura al asarse: fresas, naranjas, uvas, kiwi o mango. En cambio, las que quedan bien asadas -ciruelas, manzanas, peras, melocotones, nectarinas, albaricoques o cerezas- funcionan de maravilla.
Lo bueno de esta receta es que admite mil variaciones: se pueden usar avellanas o pistachos en lugar de nueces, o sustituir las ciruelas por peras, manzanas o melocotones. El resultado siempre será una tarta jugosa, con contraste entre la masa y la fruta.
Son recetas como esta las que me parecen fundamentales, dignas de ser hechas y aprendidas. Con un esquema sencillo -masa, base de frutos secos, fruta- puedes tener al menos doce tartas distintas. Esto es cocinar, para mí: adaptar un conocimiento a los ingredientes que tenemos a mano.

Además de lo que funciona, te cuento lo que creo que no funcionaría tan bien. Al elegir los frutos secos, piensa en si tienen o no mucho sabor: mejor los más intensos, como nueces o avellanas. Las almendras y los anacardos funcionan algo peor -aunque el frangipane clásico lleve almendra, también incluye más azúcar. Otro consejo: tuesta un poco los frutos secos antes de usarlos (puedes hacerlo en el microondas, unos segundos); ganarán mucho en aroma y sabor.
Yo usé masa quebrada comprada porque estaba con gripe y no tenía energía para hacerla desde cero. Queda aceptable, pero reconozcámoslo: la masa quebrada del supermercado -al menos la de Hacendado- es una triste masa brisa sin mucha gracia. Si puedes, haz la tuya en casa (como la de mis crostate). También podrías probar con hojaldre o incluso con una pasta matta como la de mi pasqualina, que lleva menos mantequilla y da un resultado sorprendentemente bueno.

material
- molde de 24 cm
Ingredientes
- 2 láminas masa quebrada o casera, según receta de crostata
- 150 g nueces
- 80 g azúcar
- 120 g mantequilla blanda
- 70 g harina
- 50 g miel
- 2 huevos
- 1 pizca sal
- 400 g ciruelas mejor moradas o rojas, sin hueso y cortadas en láminas finas
Instrucciones
Empieza a cocinar- Forra la base del molde con una de las láminas de masa quebrada, usando el papel sulfurizado en el que vienen como base. Pincha el fondo con un tenedor y reserva en la nevera.
- Prepara el relleno. Pica las nueces (no demasiado finas, a cuchillo) y mézclalas con el azúcar, la miel, los huevos, la harina y una pizca de sal hasta obtener una crema densa.
- Monta la tarta. Verte la mezcla de nueces sobre la base de masa y nivela con una espátula.

- Cubre la base de frutos secos con las ciruelas. Dispone las láminas de ciruela por toda la superficie y espolvorea con una cucharada de azúcar (esto es opcional).

- Cubre con la segunda lámina de masa, y sella bien bien los bordes, como si fuera una empanada. Haz unos cortes en la superficie.

- Hornea. Cuece en horno precalentado a 180 °C (calor arriba y abajo) durante unos 40-45 minutos, hasta que la masa esté dorada.
- Deja templar antes de desmoldar. Está deliciosa tanto tibia como al día siguiente, cuando los sabores se asientan.




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